domingo, 30 de mayo de 2010

A veces me pregunto...

A veces me pregunto, ¿que motiva al blanco lienzo?
¿Cual escusa lo ha dispuesto, como cede su pureza?
¿Es acaso algún disfraz, mil colores su promesa?
¿O es acaso ansias de cambio, trazos libres en suspenso?

A veces me pregunto, ¿que motiva a la libreta?
¿Que concluye al soportar mis palabras en su pecho?
¿Como lleva en su conciencia, fantasías a su lecho?
¿Cual será su recompensa, su entrañable y noble meta?

A veces me pregunto, ¿que motiva al pentagrama?
¿Como esconde en si la magia de un sonido que aún no suena?
¿Que lo lleva a revelarse ante un interprete en escena?
¿Como libre y sin pretextos, vida y música derrama?

A veces me pregunto, ¿mas entonces, que es el arte?
¿Mil colores, un pretexto para reinventar el mundo?
¿Mil palabras, el contexto que describe algún segundo?
¿Mil canciones, notas huecas que se llenan al rozarte?

¿Mas realmente importa tanto? ¿Quien lo sabe, si importara?
Pues sutiles fantasías te han descrito lo que siento.
Muchas veces sin palabras, sin colores, sin aliento.
Aunque sea una tenue nota, que tus sueños conquistara.

viernes, 16 de abril de 2010

Los últimos minutos

Este cuento es un remake de otro que había escrito hace tiempo, espero que les guste. :)

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¿Como pude dejar que llegara a este extremo? ¿Como logré convencerme de dejar mi suerte para último momento? Entre inútiles lamentos, continúo interrogándome solo en la oscuridad de mi habitación. La única fuente de luz que se percibe es el escaso y espectral brillo azulado del monitor, reflejándose sobre mi agotado rostro. No se percibe sonido alguno. La habitación se encuentra impregnada de un silencio sofocante, melodías solitarias ahogadas en la nada. Mas desde el exterior se filtra furtivamente el eco de la lluvia. El suave palpitar de gotas suicidas que llegan finalmente a su destino. Es un paisaje trágico y solitario... Uno que ciegamente me he buscado.

¿Como pude ser tan irresponsable? ¿Acaso no había ya aprendido mi lección? Al día siguiente sería el acto de mi graduación. Finalmente, tantos años de esfuerzos y sacrificios se verían recompensados, culminando en una grandiosa ceremonia celebrada en nuestro honor. Sin embargo, confieso me siento acorralado ante una imponente muralla. Para poder consumar ésta meta, debía realizar algunas correcciones, precisas pero fundamentales, a mi libro final de grado. Entre olvidos y descuidos dejé marchar fugaz el tiempo. Tiempo implacable que no perdona, ni se arrepiente. Ahora siento que el mundo entero se me viene encima. La oportunidad que me fue brindada, se desvanece definitivamente a medianoche de éste mismo día. Un día que como muchos otros, he desperdiciado entre fiestas y reuniones. Burdas celebraciones de logros prematuros, que ahora amenazan con legarme su ausencia.

¿Que hora es? Son las once de la noche. Aún estoy sentado inmóvil frente al monitor, con la mirada perdida. Mi conciencia sabe que las correcciones que debo realizar son triviales, pero mis neuronas no parecen coincidir en su veredicto. Mi mente ésta completamente en blanco. Ya solo resta una hora para que el contrato se rompa. Ya solo resta una hora para que el apocalipsis arroje sobre mi alma toda su ira. Ya solo resta una hora para lograr deshacer, lo que tantos años tarde en construir. Mas las riendas del cansancio y el desvelo insisten en frenar mi motivación. Intento zafarme, sacudiendo fuertemente la cabeza. Pero Morfeo en su haber, no parece querer dejarme partir. Y así continúo mirando fijamente la pantalla, con la mente completamente en blanco.

Ya han pasado quince minutos y el cursor continúa en la misma posición. Las riendas que frenan mis pensamientos se han extendido por todo mi cuerpo. Ya no logro mover mis brazos. Mi desesperación se hace cada vez mayor y cada vez menos aparente. Recuesto la cabeza sobre mi brazo izquierdo, intentando pensar, intentando avanzar a través de esta indivisible muralla. Mas mis párpados se cierran involuntariamente. Continúo consiente y los abro decididamente, pero es en vano. Cualquier descuido los encuentra nuevamente cerrados. Fugaces ideas se asoman en mis pensamientos, remotos fragmentos de una cordura olvidada. Mas son consumidas enteramente por el cansancio y la pereza. Estoy consiente de que en esta posición ya no podré avanzar, pero la gravedad aumentada me mantiene inquilino de esta invisible prisión.

Las gotas continúan cayendo y llegando a su violenta conclusión en mi ventana. Cada una al caer me recuerda lo implacable del tiempo. ¡Debo dejar las distracciones y apresurarme! Son ya las once y media de la noche. Las letras se hacen cada vez más borrosas y confusas, no logro concentrarme en su significado. Me propongo buscar un aperitivo para activar mis neuronas. Busco en la alacena y encuentro unas galletas que había estado guardando para otra ocasión. Sin energías para pensarlo demasiado, las tomo una a una y me las como. ¡Que revitalizante! Siento como si las galletas escondieran alguna energía mística y poderosa capaz de reactivar mis ideas y mi motivación.

Ahora solo me quedan veinte minutos y debo aprovecharlos de la mejor manera. Con mis energías repuestas, me planteo terminar con esta misión, completamente seguro de que tendré éxito. Palabras fluyen en un torrente constante de mi mente al teclado, del teclado al monitor. Como si mis manos vida propia tuvieran, llenan la pantalla de caracteres que reparan todos los problemas. Casi sin poder creerlo, me percato de que he logrado mi objetivo. Aún faltan diez minutos y el trabajo finalmente está listo. Solo resta enviarlo a mis jurados, esperar su aprobación y la celebración no habrá sido en vano. ¡Que emoción, podré graduarme! Aún incrédulo, coloco ambos brazos detrás de mi nuca y me apoyo sobre ellos, al fin despreocupado, al fin calmado, por fin realizado.

Abro los ojos y una extraña luz me cega momentáneamente. Paso las manos sobre mis ojos, tratando de recuperar mi vista perdida. Lentamente logro abrirlos nuevamente, pero me siento algo mareado y desorientado. Mi vista vuelve poco a poco y logro distinguir el monitor que aún se posa frente a mi. Intento concentrarme para acelerar la recuperación de mi vista y encuentro el navegador abierto, con un correo a mis jurados redactado y listo para enviarse. Sacudo la cabeza y me dispongo a finalmente enviar el correo, pero esa extraña luz no me permite ver con claridad. No entiendo bien lo que está ocurriendo. Además, me percato que la incesante lluvia se ha detenido por completo. Algo no está bien. Volteo lentamente la cabeza y observo pálido la ventana.

... Ya es día.

miércoles, 17 de febrero de 2010

El día en que llovió colores

Se presiente el alba. El sol despierta de su oscuro letargo y estira sus cálidos rayos a través del lejano horizonte. Bostezos de fuego surcan los cielos y encandilan las nubes, llenando el viento de tibias luces y hermosos colores. Asoma su rostro y solemne se muestra al mundo. ¡Ha amanecido! Es por fin un nuevo día.

Las pequeñas gotas de rocío se reunen para recibir el calor de su eterno ángel, reflejando los colores del alba en tributo a su grandeza. Las hojas se enverdecen. Los ríos cantan al compás de la mañana, y el aire mismo se despeja para dar vista al espectáculo de luces que en el cielo se presenta.

Poco a poco, se impregna el todo y la nada de luces y colores. Pequeños destellos nacen y mueren en lagos, ríos y mares. Las aves acompañan su arte con fugaces silbidos, con sueños en canto. Y se impregnan también del tibio sentir que ofrece el guardián del alba. Esta es la mañana en la que el mundo ha sido el lienzo y la vida sus colores. El sol su gran artista, inspirado y detallista. Este es la mañana en que la luz se ha filtrado, no solo en forma, sino en tibias sensaciones. Este es el día en que tan solo el color de una gota, puede inspirar canciones y poemas. Este es el día en que el calor del sol, puede derretir hasta implacable frío de la soledad. Este es un día, como tantos otros días... Este es el día en que llovió colores.

martes, 2 de febrero de 2010

La Red

A ciegas se mueve, nadando en el viento,
acaricia su rostro, sus alas y antenas.
Sin rumbo o destino, el instinto la lleva,
e incauta se invita a si misma a la cena.

Espera en lo oscuro, escondida en sus telas,
muy quieta, paciente, la cena no tarda.
Se le agua la boca y erizan las piernas,
la incauta se acerca y ahí ella la aguarda.

Y cae en su trampa, atrapada en el aire,
mil riendas la amarran y al viento detienen.
¡Intenta gritar! Mas la fuerza le falta,
mordaza invisible que al miedo conviene.

La Tierra palpita, prisión de mil hebras,
mas calma un susurro implacable mantiene.
No intenta escapar, incapaz y curiosa,
agotada, el final de sus días presiente.

Sin fuerza ni aliento, se siente abrigada,
cubierta en cobijas, no siente su herida.
Se siente con sueño, ya el día se acaba,
sin más se ha quedado por siempre dormida.

Mas cruel no es su historia, ni cruel la asesina,
tal cual el deseo, tal cual es la vida.
Mordaza invisible es el miedo que calla,
implacable susurro es el sueño que inspira.

lunes, 25 de enero de 2010

La Niebla

Vacua sombra, etéreo reflejo.
La forma difusa que pinta el espejo.
Estruendo en silencio, mirada perdida.
Me ahogo en la niebla, implacable homicida.


Si un sueño es la vida, mi vida es soñarla.
Si aún busco un deseo, es desear encontrarla.
Mas niebla implacable, me ciega y me inhibe.
Mostrando la imagen que mi alma describe.


Tan solo un recuerdo, deshecho y dolido.
Esclavo de hechos que no han ocurrido.
Por siempre latente, por siempre esperando.
Por siempre tu esencia en mi vida deseando.

viernes, 8 de enero de 2010

La Puerta

Este es un experimento para realizar una narrativa que sea a la vez fractal y cuántica, así como de intentar describir en detalle sin decir realmente nada. Es un cuento cíclico. Una vez se llegue al final, el inicio continúa con la narración. Así mismo, se puede comenzar a leer desde cualquiera de los párrafos. Espero que les guste, y si pueden me dejen algún comentario, je je. ¡Gracias!

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Ahora me encuentro de pié, en silencio, frente a frente con aquella extraña puerta. ¿A donde me llevará? ¿Será que al fin podré salir de este eterno laberinto? Me lleno de lo que sé son falsas esperanzas, pues en el fondo sé que no hay salida. Tomo el pomo y lo giro firmemente. Con un suave crujido, la deforme puerta se abre hacia el interior. Está oscuro, no puedo distinguir que hay mas allá del marco. Sin embargo un invisible e invencible impulso me obliga a avanzar. Cruzo el umbral y la extraña puerta se cierra y se desvanece detrás de mi. Ya no hay vuelta atrás.

Continúo avanzando a ciegas a través de aquella oscura habitación, hasta que de pronto todo se ilumina. Cierro los ojos, encandilado por la intensa y repentina luz. Mas cuando los vuelvo a abrir, se muestra ante mí una increíble figura. Nunca había visto tal armonía, tal majestuosa composición de colores y formas. Cada rasgo de su presencia me sorprende y encanta. La luz se refleja solemnemente sobre sus caras en perfecto equilibrio con las oscuras sombras que de las mismas surgen. Podría quedarme observándolo por días, semanas, sin cansarme nunca de su encanto. Pero así como de pronto apareció, se esfumó en la nada dejando una etérea neblina blanca, casi invisible en su lugar.

Aún confundido por la conmoción, decido continuar avanzando a través de la nada. Aún iluminada, la inmensa habitación se mantiene a oscuras. Me siento aún ciego y desorientado, pues tan solo un perfecto blanco se distingue hasta donde mi vista alcanza. Muevo las piernas, y me siento avanzar. Pero si de solo mis ojos me fiara, estaría convencido de que me encuentro completamente quieto. De pronto, difusas figuras comienzan a distinguirse en el horizonte. Son muchas figuras, de diferentes formas, colores y tamaños. Parecieran estar inertes, pero se me acercan mucho más rápido de lo que siento me estoy moviendo.

Por fin he llegado, y me encuentro rodeado de una infinidad de diferentes puertas. Cada una tiene una forma diferente, y las hay de muchísimos colores. Sin embargo, ninguna se parece a la puerta que me condujo hasta aquí. Ya cansado y muy confundido, me siento un momento a reflexionar sobre lo que debo hacer a continuación. Por una parte, en esta habitación estoy seguro. No hay nadie más que yo, pero por alguna razón, estoy seguro que jamás padeceré de hambre, de sueño o de sed. Mas no quisiera estar solo por siempre. Debo partir, pero ignoro los peligros que puedan esconderse a través de esas extrañas puertas.

Debo llegar a una conclusión. No me quedaré esperando la muerte en compañía de la nada. Escogeré una puerta y la cruzaré sin importar las consecuencias. ¿Pero que puerta escogeré? Aún sentado, cierro los ojos y me imagino cada una de esas puertas. Mi mente curiosamente dirige su atención a una de ellas. Intento imaginar que pasaría si intentara cruzarla. Aún desde mi imaginación, me pongo de pié y camino lentamente hacia esa misteriosa puerta. Es una extraña y deforme puerta en verdad, pero por alguna razón me ha llamado hasta ella. Ya me encuentro muy cerca, siento que casi puedo tocarla. Debo intentar cruzarla, aunque sea solo en mi mente. No podré asegurar que la realidad así sea, pero al menos hallaré el valor para atravesarla luego.

miércoles, 16 de diciembre de 2009

Ocaso

Se asoma al dormirse, despierto en sus sueños.
Susurro que danza al compás de una vela.
Sonidos que arropan la imagen del fuego.
Se viste de gala, con mil acuarelas.

Ardiendo en su seno, es el fin de otro día.
Cremado en el cielo le rinden honores.
No existe quien llore ni vele sus restos.
Tan solo un adiós de infinitos colores.

Entierro solemne que se abre al que quiera.
Arco iris en rojo que cubre las nubes.
El día se acaba y se rinda al ocaso.
La noche que aguarda en su lecho ya sube.

Se aferra a su fría presencia en lo oscuro.
La noche que espera, en sus sueños se salva.
Mas un nuevo día se asoma en su pecho.
Vistiendo un festín de colores al alba.